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domingo, 6 de febrero de 2011

Editorial


Y después de los centenarios, ¡qué! El año pasado dejó mucho para tratar de configurar el año que nos acontece y en general, todos los que le sucederán. Hace 100 años, por ejemplo, seguramente algunos que reflexionaron acerca de los inocentes ideales de la Independencia fueron motivados por tal cavilación para emprender lo que en aquella época se consideraba un recurso legítimo para promover transformaciones sociales, toda vez que el yugo significaba un peso insostenible. Díaz y su positivismo desnudaron pronto que el progreso instrumental, para ser posible, debe aniquilar todo lo que contravenga su sentido pues como promesa emancipatoria (Kant) la Ilustración debe erigirse como única vía posible para el tránsito humano. La Revolución Mexicana tuvo en cuenta tal noción, quizá no de manera teórica pero sí vivencial en tanto tales preceptos recaían y diezmaban a una población empobrecida en casi todos los ámbitos de su vida, excepto es su consciencia y en esa creencia que motiva a los seres humanos a ponerse de pie y afrontar su realidad sabiendo que no hay nada qué perder y que vale la pena la afrenta pues ella es un signo inequívoco de vitalidad humana.

Hace poco la arqueología descubrió el asentamiento humano más antiguo, mismo que data de hace 49,000 años atrás. El hecho es relevante debido a que diríamos entonces, nos plantearíamos la pregunta acerca de qué significan entonces 2000 años o quizá más, dentro de ese recorrido que echa por tierra el frenesí progresista que niega y pretende pulverizar la historia. ¿Podríamos considerar entonces a todo Occidente y sus siglos como contemporáneos? Lo que ello implica es que los problemas a los que nos enfrentamos y que parecieran distantes a cien años de su existencia, en realidad forman parte de nuestro presente más inmediato y desde luego, de nuestro porvenir. El desdén del que fue objeto por parte de eso que llaman gobierno federal, la Revolución Mexicana, poco puede hacer contra los fundamentos que le dieron origen y que se hallan afianzados en lo profundo de todo ser humano, si no en la totalidad del planeta, por lo menos sí, de quienes han existido desde entonces y hasta ahora, sumando a ellas las generaciones sucesoras a la nuestra. Si a la historia de Occidente, le sumamos la de los pueblos originarios de estas tierras y las de otros pueblos que han llegado desde la Colonia y hasta nuestros días, entonces, el panorama se vislumbra de no fácil acceso, mucho menos, de pragmático tratamiento y qué decir, de una posible inmediata solución.

Este primer número tiene la intención de contribuir a las discusiones que deben considerarse a cien años de la gesta y los trabajos incluidos en él publicados, se presentan como herramientas que pueden llevar al lector, de manera conjunta, a reconocer en los tiempos actuales, elementos de los cuales echar mano para llevar los análisis a otros terrenos y afianzarlos en la estructura; no olvidemos que el movimiento centenario en realidad es síntoma de las desazones sociales de la época, tanto como de toda una civilización.

El yerro, el revés y el patíbulo son tres componentes insoslayables cuando se trata de hacer estudios acerca de los temas relevantes del acontecer humano y en esta ocasión no podía ser distinto. Este primer número nace con el único fin de contribuir a la crítica de temas cuyas implicaciones no pueden dejarse en el abandono toda vez que reconocemos la importancia de la historia para comprender el presente y sin la cual, el porvenir escaparía de nuestras manos de manera indiscutible.






http://sincretismos-sociologicos.weebly.com/nuacutemeros-especiales.html

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